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Las emociones y reacciones en un adolescente son más que evidentes, además que ellos mismos se encargan de hacer saber que se están sintiendo de alguna manera específica. La pregunta que más me hacen los padres en los talleres es, ¿cómo hago para que mi hijo no reaccione asi? La respuesta es, no se puede. Mientras no hayamos resuelto o integrado la emoción que ha causado esa reacción, va a ser una respuesta automática. 

Reaccionamos a algo o porque tenemos algo, pero no es que mi hijo se volvió así de reactivo porque sí, la mayoría de las veces queremos defendernos de algo, o en otros casos queremos protegernos de algo. Pero en todos los casos reaccionamos a algo que nos hizo sentir diferentes, y de ahí en adelante vamos a seguir reaccionando igual, siempre y cuando queramos defendernos. Son muy pocas las personas que desde temprana edad aprenden a rendirse o simplemente ceder. 

El punto que nos interesa aquí es que los adolescentes van dejando señales de cuando su comportamiento empieza a cambiar, uno puede como padre detectar a partir de qué momento empezó a tornarse todo diferente. En mi experiencia en los procesos individuales que he hecho a adultos y a adolescentes, independiente que todos vivimos situaciones diferentes e interpretamos las situaciones de manera particular, hay unas causas que pareciera son muy comunes para todos como lo son: la separación de mis papás, no tener alguno de los dos padres, la llegada de mis hermanos a la casa, cambio de colegio, cambio de país, pérdidas de algún familiar importante.

Las reacciones desbordadas de los adolescentes como la rebeldía, el amurallamiento, el aislamiento, y la perfección, son un síntoma que dice ¡ey, por aquí está pasando algo!  Ése es el momento clave para los padres detectar una buena oportunidad para acercarse a sus hijos y si se tiene la confianza intacta, preguntarles si hay algo profundamente que están sintiendo que no se está diciendo con las palabras, sino con los actos y reacciones, por ejemplo, yo les preguntaría a mis hijos. ¿Qué es lo que me quieres decir que no me has podido decir en palabras? ¿Qué significa esta reacción para ti? ¿Si no sintieras lo que profundamente sientes como te comportarías? ¿Qué necesitas de mí para que sientas que estoy contigo y de tu lado?

La mayoría de los adolescentes a veces temen ser juzgados y criticados porque sus razones les parecen muy bobas o insignificantes para ser validadas, porque también es cierto que los padres juzgamos mucho, y con todo el amor del mundo el resultado parece ser el contrario a lo esperado. Te voy a poner un ejemplo. Había una chica que llevaba 3 días llorando, no dormía, no comía bien, no quería hablar, no quería ir a estudiar. La mamá en busca de información llamó a su mejor amiguita para ver si ella lograba a través de ella tener algo de información, pero nada le dió resultado. Al 4 día la mamá de esta niña desesperada por la situación, al ver en el rostro de su hija el impacto de no comer y no dormir por 3 días entró en su cuarto llorando diciéndole que por favor le dijera, qué le estaba haciendo falta para ella dárselo, porque como mamá sentía que le daba todo y que, si le hacía falta algo solamente se lo dijera, prácticamente que le pidiera lo que quisiera. 

¿Quieres saber cómo lo tomó la niña? Sintió presión por parte de su mamá, además que le hizo sentir que aparte de todo lo que estaba sintiendo en ese momento, era mala hija, era desagradecida. ¿La mamá quería hacerla sentir así? Totalmente no. ¿La hizo sentir así? Sí. Cuando inicié el proceso con la menor, nos dimos cuenta que el origen de todo era una culpa mezclada con una vergüenza, porque había hecho algo que sentía que seguro iba a defraudar a sus padres, entonces no sabía cómo enfrentar eso. 

Es muy cierto que los papás no tenemos herramientas para resolver los conflictos emocionales y mentales de nuestros hijos, – ni los nuestros- aunque en ocasiones nos toca ponernos en el rol de motivadores, psicólogos, médicos, mejor dicho, hacer muchas cosas sin saber cómo hacerlo. Esto causa interferencias en los procesos. Entonces ¿Qué hacer? 

Bueno, siempre he dicho en mis talleres que, lo mejor que le puedes dar a tus hijos es un padre sano sin heridas. Se dice en las teorías de liderazgo que no podemos llevar a alguien a un lugar donde nunca hemos estado. Los padres somos guías, somos los líderes del barco de la familia, entonces, para poder guiar a nuestros hijos hacia un lugar mejor emocionalmente hablando, debemos nosotros ya haber recorrido ese camino. Cuando tu hijo necesite de ti, tú vas a tener una historia verdadera para contarle de como lograste salir de una situación parecida, o con tu historia y ejemplo puedes aportarle valor a la vida de tus hijos, tus hijos van a saber que tú seguirás siendo su máximo líder y ejemplo para ellos, y van a querer escucharte siempre, estoy seguro que cuando se sientan perdidos o inseguros van a acudir a ti para ser guiados o direccionados. 

Aquí voy a hablarte del ejemplo, porque nuestros hijos en silencio nos modelan o nos rechazan. O quieren ser totalmente como nosotros somos, o quieren ser todo lo contrario a como nosotros somos. Muéstrale a tus hijos como se hace ese cambio que le estás pidiendo que haga, sé coherente con el estilo de vida que le estás proponiendo, pero, hay algo que no debes dejar de lado. 

Nuestros hijos copian herramientas y comportamientos de nosotros, no es heredado, es aprendido. Has escuchado adultos decir esque “es igualito a…….”. esto pasa porque el ser humano es un modelo de otro. Lo que te quiero decir es que tus hijos han aprendido a reaccionar de manera desbordada e inapropiada en casa o cerca de ella. ¿Te has dado cuenta que en los momentos de conflicto reaccionan igual a la mamá o al papá?, ¿ya te diste cuenta que tú también has sido una copia de tus papás o cuidadores? No hay mucho más que decir porque espero que ya lo hayas comprendido, solamente es necesario que te des cuenta, para que puedas saber cómo corregirlo desde casa, desde el origen verdadero. 

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